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Bulimia y anorexia: Trastornos de la conducta alimentaria

Los alumnos y alumnas de cuarto y quinto año tuvieron su jornada de ESI (Educación sexual integral). En esta ocación, profesionales de ALUBA (Asociación de lucha contra la bulimia y anorexia) se acercaron para realizar una charla sobre un tema que preocupa a todas las familias. En esta nota, se ofrece información para detectar a tiempo dichos trastornos.

La Bulimia y Anorexia son las alteraciones más comunes de la conducta en el acto de comer. Aunque se refiere al acto de comer no tiene relación directa con la comida. Su raíz está en el miedo a vivir y a crecer.

Las señales más claras de estas enfermedades se descubren a través de:

-La restricción de la ingesta energética en relación con las necesidades, que conduce a un peso corporal significativamente bajo con relación a la edad, el sexo, el curso del desarrollo y la salud física

-El temor intenso a engordar

-La alteración en la forma en que uno percibe su propio cuerpo. La persona se ve o se siente gorda a pesar de estar muy delgada

-La presencia de atracones recurrentes en los que la persona siente que pierde el control sobre la comida

-La aplicación de conductas compensatorias siempre peligrosas como son los vómitos, el abuso de laxantes o diuréticos, el excesivo ejercicio físico, ayunos y la ingesta de diversos fármacos “adelgazantes”

-La obsesión por el cuerpo y la comida está siempre presente y determina las alteraciones en la conducta.

Hay que tener en cuenta que el paciente no suele tener conciencia de la enfermedad, no estar interesado en curarse, no sincerar sus síntomas y, en el caso de iniciar tratamiento, no cumplir con las prescripciones médicas.

¿Qué sucede si no se tratan?

Los trastornos alimentarios deterioran la calidad de vida de quien los padece y, en casos agudos, pueden ocasionar la muerte. Provocan problemas de autoestima, deterioro de la personalidad, dificultades en el colegio, en el trabajo, con la familia y la sociedad. La persona no logrará independencia ni autosuficiencia y no obtendrá una inserción social adecuada.

El perfil del paciente bulímico

-Episodios recurrentes de voracidad (exceso en el comer)

-Conciencia de que el patrón alimentario es anormal

-Sentimiento de no poder para la ingesta

-Oscilaciones significativas de peso

-Deterioro de piezas dentarias en vomitadores

-Alternan con ciclos restrictivos

-Tienen conductas compensatorias como: escupir, abuso de laxantes, abuso de líquido

-para compensar el hambre o provocar el vómito

-Ayuno

-Hiperactividad

-Cortan los alimentos en trozos grandes, comer rápidamente

-Apenas mastican o tragan sin masticar

-Prefieren grandes porciones

-Son mayormente abúlicos (falta de voluntad para hacer algo)

-El carácter se vuelve irritable

-Se sienten culpables

-Comen a escondidas

-Pueden robar para comprar comida

-Obsesión por la silueta y el peso

-Oscilan entre la autoexigencia y el abandono

-Oscilan entre la euforia y la depresión

-Suelen abandonar todo lo que emprenden

-No olvidemos la importancia de la detección temprana.

 El perfil del paciente anoréxico

-Falta conciencia de la enfermedad

-Miedo intenso a ganar peso

-Distorsión de la imagen corporal (se ven gordos a pesar de tener bajo peso)

-Rechazo a mantener el peso en nivel normal

-Ausencia de períodos menstruales, piel seca

-Hipotensión (presión baja), hipotermia (baja temperatura corporal)

-Cortan los alimentos en trozos pequeños

-Comen lentamente

-Mastican largo rato antes de tragar

-Prefieren pequeñas porciones

-Tiran, escupen o esconden la comida

-Pueden consumir laxantes y/o diuréticos

-Cuentan las calorías

-Tienen rituales con la comida

-Realizan mucha actividad física para bajar de peso

-Se aíslan socialmente

-El carácter se vuelve irritable

-Cambios en el estado de ánimo (40 o 45 % de los casos)

-Tienen conductas obsesivas

-Autoexigencia

-Rechazo a la sexualidad

-Pueden darse atracones

-Usan ropa suelta para tapar su cuerpo

-No olvidemos la importancia de la detección temprana.

Los argumentos más comunes de un hijo o hija enferma

La «verdad universal» que todo enfermo de Anorexia o Bulimia proclama es la más difícil de rebatir para cualquier persona (familiar, pareja, amigo, etc.) inexperta, por lo que debemos prestarle especial atención; “Estoy sano”, afirman. Y esto es la base de sustentación de la enfermedad. Merecen un breve análisis las argumentaciones que comúnmente se utilizan para justificar conductas patológicas.

Algunas de ellas para considerar son:

ESTOY SANO

Tengamos en cuenta que el paciente no tiene conciencia de enfermedad. Presenta distorsión de la imagen corporal (se ve gordo y, cuando más adelgaza, más gordo se ve).

El terror a engordar está presente y la combinación de todos estos factores da como resultado una actitud defensiva frente a la posibilidad de cualquier tipo de alternativa terapéutica “que lo engorde”.

Ante esta situación, siempre negará la enfermedad y nunca estará dispuesto a concurrir a una consulta médica.

A esta altura comprendemos que tenemos que buscar asistencia especializada a pesar de su negativa.

No espere, busque un diagnóstico correcto.

 QUIERO ENGORDAR, PERO…

Si nuestro hijo, familiar, pareja, amigo, está con muy bajo peso es realmente cuando más nos alarmamos. En nuestra desesperación, insistimos para que coma, aunque sea un poco.

Seguramente nuestros ruegos o amenazas serán inútiles. Se seguirá viendo gordo y persistirá con su dieta. Sin embargo, puede ocurrir que reconozca estar flaco y asegure que está haciendo esfuerzos para aumentar de peso sin resultado. En ocasiones, se animará a comer delante de nosotros para sostener su teoría. Esté atento entonces: ¿cuántos ayunos se alteran con las comidas? ¿Existen conductas purgativas que podamos detectar?

Si la situación persiste, no demore la consulta médica.

LA COMIDA ME CAE MAL

Esta excusa es muy frecuente para justificar el ayuno o la alimentación insuficiente. En ocasiones, los familiares angustiados deambulan por infinidad de especialistas, realizan todo tipo de estudios con resultados negativos. Pese a ello, el paciente insiste con su mal imaginario y se niega a comer.

Investiguemos. No justifiquemos excusas para no comer.

AHORA SOY VEGETARIANO

Con el aparente propósito de llevar una vida saludable, el paciente decide suprimir algunos alimentos. Lo hace con los que considera que tienen mayor valor calórico, entonces elige sólo algunas verduras (a veces un poco de queso), y se transforma así en vegetariano o vegano.

Defiende a rajatabla su postura y comienza a restringir cada vez más la variedad de vegetales que integran su alimentación. Prefiere generalmente el zapallo y la zanahoria, logrando de esta manera su objetivo de bajar de peso.

Recordemos que la alimentación debe ser variada, equilibrada y completa.

SOY GRANDE… ¿PARA QUÉ ME CONTROLAN?

Cuando esta frase se repite con frecuencia es muy posible que nuestras sospechas estén bien fundadas. En nombre de la libertad, el paciente pretende ocultar sus conductas y persistir en sus hábitos.

Pongamos en evidencia la enfermedad.

NO A LOS TRATAMIENTOS

“Estoy bien” o “estoy mejor” son algunas de las afirmaciones que suelen repetirse con relativa frecuencia. Ante esta situación, se responde con firmeza. No debemos ser cómplices de la enfermedad.

Si hemos comenzado un tratamiento, no permitamos que se abandone. Si todavía no lo hemos hecho, comencemos ya. No aceptemos argumentos que posterguen esta decisión, encaremos el problema. Tenemos un compromiso con la vida y con nuestros hijos, amigos, familiares, parejas.

Cumplamos con nuestro deber y velemos por su salud.

LA ACTIVIDAD DEPORTIVA Y LOS DEPORTES

La gimnasia forma parte de una vida sana. Contribuye al desarrollo armónico de nuestros jóvenes. Estimular su práctica es saludable, pero prestemos atención. La hiperactividad es uno de los síntomas de la Patología Alimentaria.

Cuando el ejercicio se practica con el único fin de bajar de peso, en forma intensa y compulsiva y en sesiones prolongadas, no es beneficioso. Por el contrario, reactiva la enfermedad.

Cuidemos que la actividad física se realice en su justa medida.

EL PERFECCIONISMO

Prestemos atención al alumno ejemplar. La presentación de sus trabajos, su dedicación al estudio, sus rutinas, despiertan nuestra admiración. Lo ponemos como ejemplo ante el resto de la clase, lo consideramos “el mejor”.

Este tipo de personalidad, donde el perfeccionismo se manifiesta en todo momento, es característico del anoréxico. Observemos entonces, ¿se muestra obsesivo con su físico? ¿se esfuerza por conseguir “el cuerpo perfecto”? ¿cómo es su alimentación y su actividad física?

Descubramos a tiempo la Anorexia Nerviosa.

LOS CAMBIOS DE CARÁCTER

Esta es una señal de alerta que debe ser tenida en cuenta. La agresividad, la ira, los excesos de llanto, la inestabilidad emocional y el aislamiento están presentes en la patología alimentaria. Si advertimos estos cambios, observemos también si existen otros signos que completen el cuadro de la enfermedad.

Observemos a nuestro alrededor. La enfermedad está al acecho.

LA VERGÜENZA DE MOSTRARSE

La distorsión de la imagen corporal que se presenta en la patología alimentaria hace que quienes la sufren, se vean «gordos» a pesar de tener una apariencia normal o bajo peso.

Generalmente, por este motivo, quieren esconder el cuerpo, ocultarse ante los ojos de los demás. Se esconden debajo de ropa muy holgada, se niegan a usar traje de baño y evitan situación que los obligue a mostrarse.

Enseñemos a los jóvenes a aceptarse y a quererse a sí mismos.

EL USO DEL BAÑO

Entre las conductas purgativas, el vómito auto provocado es muy frecuente. Se debe poner especial atención para detectar este hábito; sobre todo, después de una ingesta que habitualmente se realiza en el recreo.

La vigilancia debe extremarse ya que las consecuencias de esta práctica son graves. Los vómitos frecuentes pueden producir un descenso del nivel de potasio en sangre, lo que puede ocasionar un paro cardíaco.

Observemos con atención. Si algo anormal sucede hablemos con la familia.

 NUNCA HAY QUE OLVIDAR LA IMPORTANCIA DE LA DETECCIÓN TEMPRANA.

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