El equipo de orientación escolar del Instituto Obras, a cargo de las psicólogas Luz Ferrari y Josefina Mallinari, participó del segundo espacio de la Mejora Institucional, organizado por la Dirección General de Educación y Gestión Privada. En este caso trabajaron con docentes del jardín y secundario y el tema fue la diversidad en los alumnos y aulas heterogéneas. Un tema que involucra tanto a maestros como a alumnos y padres.
Nos encontramos hoy ante un desafío importante: ¿Cómo atender a la diversidad desde los sistemas educativos? Porque si por una parte es fundamental seguir apostando fuertemente a la universalización de la educación y a extender la igualdad de oportunidades, por otra es necesario que en el seno de los sistemas educativos lo diverso sea tratado adecuadamente, para dar a cada cual lo que realmente necesita sin descuidar lo que se considera común a todos.
¿Cómo lograrlo? En principio modificando la concepción acerca de la escuela, considerada como uniforme, en la cual, según Gardner y otros (2000), “existe el supuesto de que todos pueden aprender de la misma forma y alcanzar un alto nivel de desempeño…” Por el contrario, este autor propone “operar a partir del supuesto de una educación configurada individualmente”, basada en admitir que cada individuo tiene sus propios puntos fuertes, aprende de diferente forma y puede demostrar su comprensión de maneras variadas, apuntando así a “configurar formas de educación que tengan más posibilidades de éxito con los diferentes estudiantes. Cada alumno se diferencia de los otros en sus aspectos cognitivos, emocionales y sociales, y esas diferencias deben ser tomadas en cuenta a la hora de enseñar. El reconocimiento de las diferencias conduce, entonces, a elegir estrategias de enseñanza y recursos variados, a seleccionar y organizar los contenidos y las actividades de aprendizaje de diversos modos; y a utilizar el tiempo, el espacio y los modos de agrupamiento de los alumnos de manera flexible».
Diferenciar la enseñanza es “actuar de modo que cada alumno se encuentre, lo más frecuentemente que se pueda, en situaciones de aprendizaje productivas para él. Adaptar la acción pedagógica al alumno no significa, sin embargo, renunciar a instruirlo, ni abandonar sus objetivos esenciales. Diferenciar es luchar simultáneamente para atenuar las dificultades en la escuela y aumentar el nivel».
A partir de los aportes mencionados, es posible afirmar que los niños, las niñas, los adolescentes y los jóvenes se convierten en el centro del proceso educativo cuando reconocemos quiénes son, cómo aprenden, cuáles son sus intereses, sus debilidades y fortalezas, sus entornos culturales y sociales.
Para trabajar con este enfoque se necesita contar con docentes que tengan lo que llamamos una “mente flexible”, con capacidad para estimular distintos tipos de pensamiento y modos de resolver las tareas confiando en las capacidades de los estudiantes para que alcancen su máximo potencial.
Un eje central del trabajo en las aulas heterogéneas lo constituye el entorno educativo. Crear un entorno educativo significa interrelacionar un conjunto de elementos alrededor del espacio que se da dentro del aula y todo lo disponible en ella (por ejemplo: rincones de trabajo, exhibición de trabajos en las paredes, etc.) y en la escuela. Se trata de aprovechar los sitios comunes del edificio escolar, entre ellos los corredores, patios, bibliotecas y salones, así como vincular la escuela con el entorno (el barrio, la ciudad) para establecer una fluida circulación entre el adentro y el afuera. Otro eje lo constituyen las consignas o instrucciones de trabajo que los docentes les ofrecen a sus alumnos, enunciadas como auténticas y significativas.
Sus características más relevantes son:
-Que le permitan al estudiante desempeñar un papel activo en la apropiación y elaboración de saberes
-Que lo desafíen a utilizar distintas fuentes de información y variedad de recursos
-Que le posibiliten una variedad de respuestas correctas
-Que le permitan la realización de variados productos que demuestren sus aprendizajes
-Que sean relevantes para el universo de los estudiantes, con sus intereses, sus conocimientos, sus sentimientos y vivencias personales
-Que les permitan establecer relaciones con los conocimientos previos
-Que estimulen el desarrollo del pensamiento y contribuyan a utilizar diversidad de habilidades y pensamientos
-Que estimulen las relaciones entre las diferentes áreas y campos del conocimiento
-Que posibiliten la autoevaluación y la reflexión, tanto sobre los procesos como del producto de su aprendizaje
-Que planteen al estudiante la necesidad de programar y organizar su propia tarea
-Que permitan al alumno elegir modos de trabajar, como también procedimientos, recursos, interlocutores y fuentes de información
-Que se relacionen con el mundo real
-Que favorezcan la interacción social variada: trabajo individual, en grupos y con los docentes
-Que el tiempo para su realización sea variado, o sea, que puedan demandar distintos períodos para su realización, más allá de una clase
No es necesario que todas las características antes enumeradas estén presentes en cada consigna de trabajo. La lista es orientadora del estilo de consignas a desarrollar para promover un aprendizaje diverso, significativo y cada vez más autónomo. Pero para mantener la coherencia, necesitamos considerar el aula heterogénea también a la hora de evaluar. Para lograr esta coherencia nos enfocamos en la evaluación alternativa, cuyo surgimiento da cuenta de que las pruebas tradicionales de lápiz y papel no permiten evidenciar la complejidad de los aprendizajes de los estudiantes. Asimismo, la evaluación se define como continua, ya que se trata de seguir los trayectos de cada uno de los estudiantes. Este seguimiento de los procesos va acompañado del feedback formativo que no solo lo ofrece el maestro, sino que mediante diferentes “asistentes” como las rúbricas, las listas de control y los protocolos, también es ofrecido entre pares y a modo de autoevaluación.
Si se reconoce la diversidad a la hora de enseñar, se debe reconocer a la hora de evaluar. Los estudiantes pueden demostrar lo aprendido de diferentes maneras, con diferentes productos, estilos y modos de comunicar.


