Alejandro Kohan: una charla sobre neurociencia y deporte

Cuando Alejandro Kohan, preparador físico de fútbol de más de 25 años de trayectoria, se preguntó allá por el año 2000 qué cosas podría mejorar en sus procesos de entrenamiento para alcanzar resultados y apoyar más al cuerpo técnico encontró la respuesta en la neurociencia. Más precisamente en el neuroaprendizaje cognitivo, que tiene que ver con saber como aprende el cerebro, como incorpora información y los patrones de movimiento para el deporte específico que se quiera entrenar.

«El tema mental está cada vez más instalado porque el cerebro es el director de orquesta, es el que va a hacer que las cosas sucedan a partir de un proceso de entrenamiento. Yo puedo mejorar la fuerza, la resistencia y la velocidad de un deportista, pero después el que va a aplicar sobre el patrón motor es el cerebro. Por eso, el proceso pedagógico es clave para que esto luego pueda reflejarse en el juego real», explicó en la charla que ofreció para los chicos del terciario del Instituto Obras.

Así, hace más de 15 años, Kohan se transformó en uno de los pioneros en la materia. Su trayectoria lo avala. Luego de su comienzo en el hockey de Lomas Athletic Club, allá por 1988, y de su llegada al fútbol en Ferro, en 1991, trabajó con técnicos de la talla de César Luis Menotti, Daniel Passarella, Hugo Tocalli, Jorge Burruchaga y Matías Almeyda, pasando por clubes como River (en tres etapas), Independiente, Parma (Italia), Monterrey (México), Banfield, Arsenal y Quilmes, entre otros. Hoy es el PF del equipo de trabajo de Ariel Holan en el sorprendente Defensa y Justicia. Además, es profesor en la Universidad Nacional de La Matanza.

El cambio de paradigma en relación a la preparación física que se fue dando a mediados de los años 90 en el deporte de conjunto fue el inicio para que Kohan empezara a incursionar en la neurociencia. A medida que se empezó a saber más que pasaba del cuello para arriba, sobre todo gracias a las imágenes de resonancia magnética, el trabajo se pudo hacer cada vez más específico.

Para llevar adelante el neuroaprendizaje cognitivo es clave -explicó Kohan- tener objetivos y seguridad, ya que es imposible hacerlo si se está en una situación de constante amenaza. Y una segunda cosa que no hay que pasar por alto es el hecho de tener una ruta alternativa para llegar al objetivo deseado. No todas las personas tienen desarrolladas las mismas vías de aprendizaje.

En este proceso se pone en marcha lo que se conoce como cerebro tríuno, un esquema de desarrollo del cerebro que se divide de la siguiente manera: El cerebro reptiliano, que controla los instintos y solo puede tener respuestas de ataque o huída; el límbico o emocional, que controla las emociones a lo largo del aprendizaje; y el neocortex, que se relaciona con la claridad mental para tomar decisiones. Todos son importantes porque interactúan.

La meta es aumentar la neuroplasticidad para el patrón motor específico que después se tenga que utilizar durante el juego. Por eso es fundamental generar estímulos positivos a la hora de enseñar. En otras palabras, tener una conducta pedagógica positiva, de constante motivación. La comunicación y la escucha en el deporte de alto rendimiento son importantísimas.

«Ante 60 mil personas, con 20 cámaras alrededor, el cerebro del deportista de alto rendimiento pierde calidad de decisión si no está ordenado. Por eso es muy importante empezar a entrenar la inteligencia cognitiva y emocional desde las divisiones inferiores para resolver patrones motores dentro del juego de la manera más eficiente posible», cerró Kohan, responsable de una charla por demás enriquecedora.

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