El trabajo de los preceptores

En este recorrido por los distintos sectores del Instituto Obras, hoy es el turno de conocer a los preceptores, quienes, aparte de realizar tareas administrativas, controlan la disciplina y el orden de los chicos. Ellos tratan de apaciguar los conflictos para saber después a donde derivar la cuestión.

Karina Rastillo está hace 21 años en el colegio. Ingresó como maestra de grado en 1985, aunque solo trabajó unos meses y luego se metió de lleno en preceptoría. Jorge Barreiro, su compañero de sector, llegó hace siete años. No había trabajado antes en el ámbito educativo, sino que se dedicaba a la administración de consorcios. «Me sirvió para ganar experiencia en el trato con la gente», cuenta.

«Empecé a trabajar estudiando docencia. Me recibí ya siendo preceptora del Instituto. La experiencia la gané con los años, porque cuando entré era muy joven. Al principio tenía un poco de miedo, pero con el tiempo me fui soltando», cuenta Rastillo.

A su vez, explica de que se trata este trabajo con los chicos: Además de la sociedad en general, uno también va cambiando. Al principio aprendí de los más grandes que estaban como preceptores. Hay que adaptarse a lo que son los chicos. Yo me doy cuenta que ahora los entiendo más y les tengo mucha más paciencia. Ellos llegan con otros problemas. Aparte nosotros estamos todo el día con ellos, desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde. Tenemos que estar atentos a lo que les pasa, ya que somos el primer contacto que tienen en la escuela».

También, Rastillo es consciente de que los tiempos cambian y, por ende, las costumbres también. «Ahora los chicos saben de todo. Un poco también tiene que ver con eso. No se si son tantas las inquietudes, sino que vienen con otros conocimientos y son más independientes. Antes quizás no había tanta relación y estaba más metida la familia. Por eso hay que buscar que esta conexión se vuelva a involucrar en este proceso», destaca.

«Estos años tuvieron muchos vaivenes, pero la verdad que me siento bien. Me agradó desde el primer momento este trabajo. Estoy tranquilo, lo hago con gusto. Hay un buen trato con los alumnos. Desde que entré se mantienen la mayoría de profesores, lo que también es bueno», afirma Barreiro.

«El trato con los chicos es bastante bueno. Tenés algunos casos que pueden ser más complicados que otros, pero tiene que ver un poco con los tiempos que se viven hoy. El tema principal es que respeten las normas mínimas de convivencia que existen en el colegio», dice.

Y agrega: «Está bueno que tengan la libertad que quizás no teníamos nosotros cuando éramos chicos, pero esa libertad tiene que encuadrarse en pautas de comportamiento».

En la oficina de preceptoría, ubicada en el segundo piso, los teléfonos suenan, los escritorios muestran una buena cantidad de carpetas y planillas para llenar y ellos van de un lado al otro todo el tiempo. Simplemente una muestra del trabajo que llevan adelante todos los días.

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